Nocte de Difuntos
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© 2009 Gerard Tauste por la ilustración de portada
© 2009 Los autores por sus respectivos textos
© 2009 Ediciones Efímeras por la edición
www.edicionesefimeras.com
Impreso en España
Para NOCTE,
Asociación Española de Escritores de Terror
INTRODUCCIÓN
Las mejores ideas surgen de la forma más inesperada.
Sin más preámbulos, cojan mi mano y acompáñenme al interior de este mundo de diminutas pesadillas perversas.
Si pensaban que los escritores de terror adoraban la noche de difuntos, estaban en lo cierto.
Alfredo Álamo
CAMBIANTES
Como cada noche de Halloween, niños y padres, disfrazados de todas las maneras horribles, se hicieron dueños de la noche, arrogantes y pomposos con sus caramelos, bromas y manzanas acarameladas, mientras las criaturas de la oscuridad, de puntillas, en las sombras, cambiaban a sus retoños por sus hijos en las cunas, con una sonrisa, con una nana, con una promesa de venganza y maldiciones y conjuros desde lo más profundo de sus podridos corazones.
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CORTE OSCURA
Nunca debí atravesar el bosque la noche del 31 de octubre y arriesgarme a que las hadas, en su cambio de corte, me llevaran con ellos. Ahora tengo un caballo negro con crines de fuego, tras mi galope la hierba crece y las rocas enmohecen de verdín, a mi lado los lobos juegan con sus presas y un ciervo blanco marca el camino de la cacería. Todavía pienso en ti. Sobre todo cuando tengo hambre y la jauría pasa cerca de la casa donde me abandonaste.
Juan de Dios Garduño
EL DISFRAZ
—Mamá, mamá ¿de qué me disfrazaré este Halloween?
—Este año me saldrás muy barato, irás de niño sin cabeza —dijo la madre sacando el cuchillo grande de cortar carne.
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POBRE HOMBRE
Aquel pobre hombre no recordaba que era la noche de Halloween cuando les arrancó la cabeza a balazos a aquellos niños disfrazados de hombres lobo que rugían en su puerta.
David Jasso
LA FIESTA
El doctor es un imbécil, sólo sabe drogarnos. No nos deja celebrar Halloween en el sanatorio, dice que puede alterarnos demasiado. Idiota.
Nos vendría muy bien poder dar una fiestecilla para romper la rutina, aquí no tenemos muchas diversiones, todos los días son iguales.
Pero no ha habido manera de convencerle. Y mira que lo hemos intentado...
Lo que no sabe es que nos hemos puesto de acuerdo todos los pacientes. Y celebraremos esa fiesta, quiera o no.
Es lo bueno que tiene la noche de difuntos. Hasta los muertos pueden festejarla. Y en eso podemos ayudarnos unos a otros.
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RECUPERAR LAS TRADICIONES
Se están perdiendo las tradiciones. El concepto de Halloween es una mierda, en España siempre se ha celebrado la noche de difuntos, como tiene que ser.
Halloween es una tradición pagana y vacua, una fiesta destinada al consumo. Se trata de una más de esas modas horribles que vienen de los Estados Unidos. Hay que rechazarlas con fuerza, y volver a nuestros orígenes. Negarnos a aceptar esas nuevas prácticas consumistas y artificiales que nos vienen de América; esas festividades sin sentido que vulneran la tradición.
Digamos “no” a las modas anglosajonas, a todas ellas.
Firmado: El rey Melchor
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VELAS
Cuando yo era niño, la abuela me dijo con su voz cansada que en Todos los Santos había que encender velitas para que los difuntos pudieran encontrar su camino de regreso a casa. Abrí mucho los ojos y tragué saliva, impresionado. El concepto era aterrador.
Esa noche dejó varias lamparillas distribuidas por el pasillo. Incluso colocó una en mi habitación. Pero, a los pocos minutos de acostarme, me levanté de un salto, la apagué de un fuerte soplido y regresé a la cama sin casi tocar el suelo. Me tapé hasta las orejas.
Esa noche no pude dormir, no dejaba de imaginar a seres fantasmales vagando por mi casa, siguiendo la luz que les orientaba entre los recovecos del mundo de los vivos.
El resplandor de las llamitas se colaba en mi habitación por debajo de la ranura de la puerta, era un titilar mortecino que parecía constantemente interrumpido por sombras.
Y la idea de que mis padres regresaran de la muerte después del accidente con la barca, me paralizó entre las sábanas. Resultó estremecedor.
A la mañana siguiente, las velas se habían consumido y en el pasillo, junto a mi puerta, había un inseguro rastro de agua.
Rubén Serrano
UN BUEN TRUCO
—¿Truco o trato? —preguntaron al unísono los repulsivos monstruitos antes de que terminara de abrir la puerta.
Ya sé que la tradición exige
Y yo diría, modestamente, que fue un buen truco, ya que los hice desaparecer para siempre. La Policía todavía no ha sido capaz de hallar los cadáveres.
Miguel Puente
CÓMO PREPARAR UNA PRECIOSA CALABAZA DE HALLOWEEN
—Para empezar debes elegir la más adecuada, hijo. Preferiblemente que esté fresca, para que dure más tiempo sin echarse a perder. Asegúrate de que tenga la base lo suficientemente plana para que puedas apoyarla sin problemas.
»Marca el tamaño del agujero que cortarás para vaciarla. Hazlo con cuidado. Primero vacíala con la mano, después con una cuchara. Ráspala a conciencia para dejarla bien limpia.
»Luego talla el motivo que has diseñado y con un cuchillo o una sierra corta la tapa. Hazlo con una inclinación de unos cuarenta y cinco grados y quedará perfecta.
»Una vez hayas terminado introduce una vela en su interior. Puede que tengas que hacer algunos retoques para conseguir el efecto deseado, pero ya tendrás una preciosa cabeza de Halloween que envidiarán todos tus amigos.
—¿Puedo empezar ya? —dijo calabacito, cuchillo en mano.
—Adelante —respondió mamá calabaza.
Nuria C. Botey
A SKELETON IN THE CLOSET
—¿Por qué tengo que salir a tirarlos precisamente ahora? —protestó el muchacho, todavía sin soltar el mando a distancia del televisor—. Estoy haciendo la digestión.
Pero su madre, con los brazos en jarras y cara de pocos amigos, era un hueso duro de roer.
—Porque es la noche ideal para sacar las calaveras y las pelvis al contenedor, con todos esos monstruitos correteando por ahí en busca de caramelos, por eso. ¡Y porque lo digo yo! Para una vez al año que te pido que limpies el armario de la despensa… Anda que no te gusta hacerte el interesante, Jeffrey.
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THRILLER
Por una vez, la crítica fue unánime: de todas las versiones de
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RED ROSES FOR A BLUE LADY
El cliente encargó un impresionante ramo de rosas rojas para la chica más dulce de la ciudad, y me dio una dirección. Pero estaba claro que se había equivocado, porque su carne no me supo muy distinta a la de cualquier otra.
Afortunadamente para él, además de un gran florista también soy un tío concienzudo, y no pararé hasta satisfacer su pedido. Después de todo, me pagó por adelantado.
Ismael Martínez Biurrun
FÁBULA LITERARIA
El niño
Al final de la noche habían acordado encontrarse bajo los porches de una plaza.
—Mira lo que tengo. —El niño
Pero el otro niño ya no estaba. Se había quedado en la última casa. Adoptado por un cálido hogar
El viento arreció con un silbido bajo los malolientes soportales de la plaza. El niño
José María Tamparillas
LA CARNE MÁS DULCE
Apenas le quedaban ya dulces en la gran calabaza de plástico.
—¿Truco o trato?
Los niños se materializaban de la nada, surgían del suelo, atravesaban las paredes. Recogían su caramelo y se disipaban. Sin sonrisas, sin alegría: carne putrefacta, huesos resecos, miradas vacías.
—¿Truco o trato?
Quedaba media docena.
—No me quedan dulces —respondió.
—¿Truco o trato?
—No me habéis oído —La angustia se solidificaba en las tripas.
—¿Truco o trato?
—No tengo nada que daros. No me quedan caramelos.
Uno de ellos se acercó. Aparentaba unos diez años. Flotaba a medio metro del suelo. Los huesos de la mandíbula asomaban por una mejilla azulada.
Le miró.
Le olió.
Quería llorar.
—¿Truco o trato? —dijo el chico, lamiéndole la cara.
Los otros le secundaron. Tenían los dientes afilados y un hambre atroz.
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COSECHA DE HALLOWEEN
—¿Y tú, cuántos llevas?
—Diecinueve.
—Uy, te gano. Veinte.
El niño gruño. La sonrisa sarcástica de su compañero, aquella afectación, le sacaban de sus casillas.
—Uno más. Ja. Te gano…
El niño sacó de la cesta los alicates ensangrentados. Miró al otro y apretó los dientes. Procuró hacerlo rápido y sin gritar. Solo los niñatos gritaban. Forcejeó con su mano izquierda envuelto en una nube de dolor. Al fin lo logró. Temblando, a punto de desmayarse, dejó los alicates en el suelo. Luego le mostró al otro el dedo meñique amputado.
—Estamos iguales.
Y lo arrojó junto a los otros diecinueve que reposaban en el fondo de la cesta con forma de calabaza
Pedro L. López
CON UNA 38
—¡Truco o Trato, Truco o Trato! —gritaba muy excitado el niño en la puerta de enfermos coronarios del hospital de Santa Bárbara con una 38 en la mano minutos antes de causar un colapso en la UCI del centro.
—¡Pues que hubieran elegido trato! —masculló el muchacho malhumorado al quedarse solo en la sala.
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EL BAILE
Era la noche de Halloween, los tonos verdosos lo inundaron todo antes de perder la visión, poco a poco el corazón dejo de bombear y una sonrisa se dibujó en su rostro. ¡Sin duda había ganado el concurso! ¡Era el mejor disfraz de hombrecillo verde del baile! Lastima que la máscara le apretara tanto.
Roberto Malo
CARETAS Y MONSTRUOS
—¡Hala, qué miedo! —señaló el niño—. ¿De qué es la careta? ¿De zombi? ¿De bruja?
—No llevo careta —respondió la niña, a punto de llorar.
Miguel Ángel López Muñoz
TRAGEDIA EN LA NOCHE DE HALLOWEEN
El escritor sueco Nodga Sunmag fue abatido en el transcurso de la celebración de la noche de Halloween. El autor, que fue calificado por sus vecinos como “un hombre amable, un poco retraído”, había manifestado públicamente que este Halloween “haré algo que será recordado por mucho tiempo”, según testimonio de uno de sus amigos. A las 00.05 salió a la calle con aspecto demacrado y una escopeta de caza, babeando y gritando “aquí tenéis vuestra recompensa” y provocando el pánico a su alrededor. La policía le abatió cuando estaba a punto de tirar contra un grupo de niños disfrazados. Cuando se revisó el arma, sin embargo, se descubrió que la escopeta disparaba caramelos, y su aspecto demacrado había sido artificialmente diseñado empleando modernas técnicas de maquillaje cinematográfico.
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CANIBALISMO
—Debería haber llegado ya —protestó la niña—. Él me dijo el año pasado que vendría.
—Jack no vendrá —contestó su padre, con ojos sombríos—. Anda, sírvete un poco más de crema de calabaza.
Juan Ángel Laguna Edroso
EL ADORABLE GORGONIO
Gorgonio adoraba Halloween: con todos esos niños disfrazados de monstruos y engendros podía salir del sótano sin llamar la atención. Y comer.
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SLEEPY… HOW LONG?
El jinete sin cabeza recorrió al galope el vecindario buscando la calabaza en llamas. Hijos de puta, cada Halloween la misma historia.
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MIEDOS INFANTILES
Dieguito obedeció a su madrastra y salió al porche a rellenar las calabazas. Más miedo le daba ella que los escorpiones que metía dentro.
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NOCHE DE DIFUNTOS
Aquella noche se levantaron todos los difuntos de todo el país. Llamando a las puertas de sus familiares les preguntaron si querían hacer algún trato.
Juan Díaz Olmedo
TRUCO
—¡Truco o trato! —gritaron los niños.
—¡Truco! —respondió él, ansioso.
De nuevo, como se temía, los niños intercambiaron miradas confundidas. Se quedaron allí quietos delante de su puerta, hasta que se acabaron de convencer de que no obtendrían ninguna golosina de aquel hombre de aspecto triste.
Nada. Lo más que había conseguido a lo largo de toda la noche había sido que le tiraran huevos podridos a la fachada de su casa. Nadie cumplía la amenaza. Nadie de daba un susto de muerte que acabara con su miseria.
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ESTA NOCHE TAMPOCO
—Señor, hemos detectado esto —dijo el pequeño demonio después de entrechocar sus tacones y saludar militarmente al Señor Supremo de la Oscuridad.
El líder de las huestes demoníacas tomó de los diminutos dedos de su esbirro las fotografías instantáneas. De inmediato torció el gesto y apartó la vista. Incluso en fotografía, aquel maldito amuleto de protección seguía teniendo la facultad de repelerle.
—No puede ser —dijo—. Nos informaron de que aquí no había llegado esa maldita costumbre.
—Están por todas partes, señor —dijo el demonio con voz nerviosa.
—Maldito sea por siempre el traidor que hizo saber a la humanidad de ese maldito amuleto, y malditos todos los que fomentan esta condenada fiesta —dijo el Señor Supremo—. Nos replegamos. Esta noche tampoco conquistaremos la tierra.
—Solo podemos intentarlo una vez al año y en un solo lugar —dijo su general el jefe, jugueteando con las ensangrentadas condecoraciones de su uniforme prusiano—. Esto de contar sólo con informes con cien años de antigüedad es un desastre.
Las tropas de la Oscuridad se retiraron. La boca del infierno, situada en la Puerta del Sol de Madrid, se cerró. A su alrededor, en escaparates, en guirnaldas y en carteles, lucía el amuleto que les había impedido cumplir su propósito, esa calabaza anaranjada y sonriente.
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LA ÚNICA NOCHE
Podía escuchar sus gritos de excitación, sus risas inocentes y puras. No podía evitar conmoverse. Se esforzó en sonreír, intentando que las lágrimas de emoción no llegaran a sus ojos. Se agachó para ajustar la corbata que tan elegante hacia el porte del Chico Pájaro, y le dio un pequeño repaso a los lacitos rosados que la Chica Tentacular se había puesto al final de cada uno de sus apéndices. Como todos los años, los cuidadores iban disfrazados de robot, una vestimenta que cubría totalmente su auténtico aspecto. Se formaron pequeños grupos y poco a poco todos los niños fueron saliendo a la calle, cada grupo rodeando a su cuidador.
Cuando todos se habían marchado se permitió llorar, pero solo un poco. Aquella era la única noche en la que podían jugar con los otros niños, la única noche en la que podían sentirse normales, rodeados por otros que fingían ser lo que ellos eran.
Aquella era la única noche en la que la Residencia Merrick para Niños Monstruosos se quedaba vacía, la única noche en la que las risas de sus habitantes se oían en otras partes de la ciudad.
Santiago Eximeno
HALLOWEEN
En Halloween la novia de Frankenstein le dio calabazas.
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CALABAZA
—Pero... cariño... ¡Por el amor de Dios, esto no es una calabaza! —dijo mi padre cuando, sonriendo, le entregué la cabeza de mi hermano pequeño.
Emilio Bueso
LE ABRÍ LA PUERTA
No era la primera vez que mostraba interés por los caramelos de un extraño.
—¿Truco o trato o depravación? —me dijo la niña destripada y violada, abriendo su saco.
Su saco no era de tela.
Tampoco su disfraz.
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CERRÉ LA PUERTA
Tras encender la calabaza del soportal de nuestra casa.
Iba a ser la mejor de todo el barrio, nuestra calabaza de Halloween.
Sus gritos ya podían escucharse desde Alden Park hasta Herman Gardens.
Íbamos a tener que mantenerla encendida, ardiendo por dentro durante toda la noche.
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SIENTO HABERTE ROBADO EL DISFRAZ EN UNA NOCHE COMO ESTA, ZORRA.
Pero a ti ya no te hace falta.
Además, me gusta. Es cómodo.
Y me quedan bien, tus tatuajes.
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